Oasis del Toyo

Febrero 2026

Flamencos y aves migratorias: la sorprendente vida salvaje de las Salinas de Cabo de Gata

Las Salinas de Cabo de Gata son uno de los mejores lugares de Europa para observar flamencos y aves migratorias en invierno. Descubre cuándo y cómo visitarlas.

Dos flamencos en las Salinas de Cabo de Gata.

Foto: Iris Korn / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Pocos visitantes que llegan a la zona por su playa y su clima esperan encontrar, a pocos minutos de El Toyo, uno de los humedales más importantes del Mediterráneo occidental para la observación de aves. Las Salinas de Cabo de Gata, en activo desde época romana para la extracción de sal, se han convertido con el tiempo en un refugio natural declarado zona de especial protección para las aves.

Febrero es, junto con los meses de invierno, uno de los momentos más espectaculares para visitarlas, ya que es cuando se concentra el mayor número de flamencos rosas, que utilizan las salinas como zona de alimentación e invernada. Verlos recortados contra el agua poco profunda, con la luz suave del invierno almeriense, es una de las experiencias más fotogénicas que puede ofrecer la provincia.

Además de los flamencos, las salinas reciben a lo largo del año decenas de especies migratorias, entre ellas la avoceta, el chorlitejo patinegro, la cigüeñuela o distintos tipos de garzas, lo que ha convertido este espacio en una parada obligatoria para muchos aficionados a la ornitología de toda Europa. El paisaje se completa con las antiguas instalaciones salineras, que todavía funcionan de forma parcial y ofrecen una estampa única de montañas de sal blanca junto al mar.

Recorrer el entorno de las salinas es sencillo: existe un carril que bordea buena parte del espacio y que puede hacerse a pie o en bicicleta, con varios puntos habilitados para la observación sin molestar a las aves. Se recomienda llevar prismáticos, ropa de colores discretos y mantener siempre la distancia adecuada con la fauna.

La visita se puede combinar perfectamente con una excursión al cercano Faro de Cabo de Gata o con una ruta de senderismo por los acantilados de Las Sirenas, de manera que en una sola jornada es posible disfrutar tanto de la vida salvaje del humedal como de los paisajes volcánicos más icónicos del parque natural.

Para quienes buscan unas vacaciones distintas, alejadas del turismo de playa y masificado, febrero en el Cabo de Gata ofrece una experiencia de naturaleza auténtica, silenciosa y sorprendentemente rica en biodiversidad, a un paso de la comodidad de un alojamiento en El Toyo.

Para observar los flamencos y el resto de aves migratorias con las mejores garantías, se recomienda acudir a primera hora de la mañana, cuando la actividad de alimentación es mayor y la luz rasante del amanecer ofrece las condiciones perfectas para la fotografía. Los atardeceres, aunque menos activos en cuanto a fauna, regalan en cambio una de las estampas más bellas de toda la provincia, con los tonos rosados del cielo reflejados en el agua de las salinas.

Las Salinas de Cabo de Gata cuentan además con paneles informativos a lo largo del recorrido que explican tanto el proceso tradicional de extracción de sal, todavía vigente en parte de las instalaciones, como las principales especies que pueden observarse según la época del año, un recurso muy útil para quienes visitan la zona sin experiencia previa en ornitología.

Para completar la jornada, muchos visitantes aprovechan la cercanía de la Torre Vigía de las Salinas, una antigua atalaya de defensa costera, y el propio pueblo de Cabo de Gata, con sus casas bajas de pescadores y su ambiente auténtico, ideal para una comida tranquila con vistas al mar antes de regresar a El Toyo.

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